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Las primaveras árabes y el largo invierno europeo

Rafael Bustos

Pasan ya casi dos años del comienzo de las primaveras árabes en Túnez (diciembre 2010) y casi tres y medio desde la quiebra de Lehman Brothers (septiembre 2008), hecho que desató la más dura crisis económica que han vivido los países desarrollados. ¿Qué balance podemos hacer de estas primaveras a la luz, aunque sea tenue, de ese largo invierno europeo? A continuación trataré de responder algunas preguntas que pueden aclarar la cuestión.

¿Qué hay del tan manido efecto dominó?

El efecto dominó ha quedado descartado definitivamente, poniendo de relieve que si bien hay problemas estructurales comunes en todos los países árabes, las relaciones de fuerza y las peculiaridades de cada país, así como sus apoyos externos y ciertos acontecimientos imprevisibles, pueden anular o suspender temporalmente las demandas populares. Esto no significa que no haya habido o que siga habiendo movilizaciones con reivindicaciones similares en casi todos los países de la región.

¿Han sido afectados los países del Golfo?

La respuesta es obviamente afirmativa, auque sólo haya trascendido el caso de Bahrein, en el que las protestas fueron reprimidas duramente y la plaza de la perla de Manama prácticamente destruida para evitar que se convirtiera en el epicentro de las protestas (un segundo Tahrir).

Pero, más allá de Bahrein, también ha habido movilizaciones que han tenido como efecto la convocatoria de elecciones casi por la misma época en Catar, Arabia Saudí, Omán, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Kuwait, además de las elecciones parciales en Bahrein.

El Observatorio Político y Electoral OPEMAM viene siguiendo estas elecciones y ha dado cuenta de las mismas en sucesivos informes electorales. Es cierto que estos informes revelan que no se trata de elecciones de gran alcance, pero poco a poco están aumentando las competencias de los cuerpos electos (Catar y Omán) y se está ampliando el cuerpo de electores que puede participar (EAU). Cabe tener en cuenta que no todos los países parten de la misma situación en absoluto. En el extremo más liberal, encontramos Kuwait, que organiza elecciones legislativas periódicamente de las que luego sale el gobierno. Si bien ese gobierno, electo en un sistema sin partidos, tiene que adaptarse a los poderes superiores de la familia real. En el otro extremo, Catar y Arabia Saudí, por ese orden, son los menos aperturistas y los más rezagados en el cambio político. Tan sólo se han atrevido a organizar elecciones locales, con sufragio restringido. Las elecciones locales en Catar son particulares puesto que sólo se elige un cuerpo municipal para todo el país, cuyas funciones son consultivas, aunque van a ser ampliadas. En el medio se encontrarían los Emiratos Árabes Unidos y Omán, que organizan elecciones (indirectas y directas, respectivamente) a un cuerpo parlamentario que tiene sólo fines consultivos.

¿Y el resto de países?

En Argelia, aunque se hable poco en los medios, también se organizó un movimiento popular conocido como 19 de febrero. Allí el régimen ha utilizado sus amplios poderes y recursos para silenciar el descontento. Un ambicioso plan de empleo juvenil, subvenciones a los productos básicos y un paquete de reformas políticas. Estas reformas, como en Marruecos, incluyen elecciones y reforma de la Constitución, sólo que en orden inverso a lo sucedido en Marruecos. Si Marruecos reformó su Constitución por el referéndum del 1 de julio de 2011 y organizó elecciones legislativas anticipadas el pasado mes de octubre, Argelia celebró sus elecciones legislativas regulares el 10 de mayo de 2012 para luego proceder a reformar la Constitución. El régimen argelino confía, como el marroquí, en que las reformas en curso hagan remontar la participación electoral, que descendió hasta un preocupante 35% en las pasadas legislativas de 2007.

¿En qué se fijan los medios de comunicación?

Los medios europeos siguen obsesionados por dos cosas, los islamistas y los conflictos armados, ya sea el libio o, actualmente, el sirio. Usar a los islamistas como espantajo ha tenido efectos perversos en el pasado (dictaduras, represión y terrorismo) y afortunadamente es un discurso obsoleto que ha sido superado por las reclamaciones democráticas árabes. Los vencedores de las primeras elecciones limpias están siendo partidos islamistas (no fundamentalistas, a los que llamaríamos propiamente salafistas), pero esto obedece una lógica política inexorable. Son los únicos que no están claramente manchados por su coexistencia con los antiguos regímenes.

En cuanto a los conflictos armados, el caso sirio es alarmante y hace que muchos se pregunten por qué no se produce una intervención similar a la que hubo en Libia. Más allá de los intereses egoístas de los estados, ciertamente la situación en Siria es muy distinta a la de Libia. ¿Qué zona de exclusión se establecería? ¿Es posible distinguir claramente dónde se encuentran las fuerzas leales a al-Assad? La respuesta negativa a estas preguntas fuerza a preguntarse qué tipo de intervención armada sería posible. Porque intervención está habiendo, las sanciones de todo tipo que aplican la Liga Árabe, la Unión Europea y Naciones Unidas son una forma poderosa de intervención.

En cuanto a Yemen, las elecciones presidenciales del 21 de febrero abren una vía esperanzadora sin el presidente Saleh (treinta años en el poder), un paso adelante que ha costado enormes esfuerzos y gran número de víctimas a la oposición yemení. La elección del vicepresidente de Saleh, Mansur Hadi, no resuelve obviamente los enormes desafíos que existen en este país, con varios conflictos antiguos abiertos, pero allana el camino a un cambio político más calmado.

¿Cuál es el papel de los países europeos?

Si nuestra transición democrática tuvo la suerte de contar con el apoyo de un círculo de países democráticos dentro de las Comunidades Europeas, los países árabes no pueden desgraciadamente contar con un apoyo muy activo, ni político ni económico, de los países europeos, absortos en una profunda crisis que afecta al nivel de vida de sus ciudadanos pero también al proceso de integración europeo. La reacción de nuestros países y de la Comisión Europea ha sido en algunos casos regresiva, ofreciendo ayuda a los dictadores (Francia a Túnez), y en otros especialmente agresiva (Libia), lanzándose a operaciones militares que excedían los límites del mandato de Naciones Unidas. Creo que se ha aprendido la lección y que se está actuando de forma más mesurada en otros países. Pero las transiciones árabes, especialmente en Túnez, Egipto y Libia requieren de un activo apoyo desde fuera tanto político como financiero, aunque por supuesto a petición de sus sociedades y dirigentes.